27 diciembre 2011
Justamente en ese momento, irrumpiste en mi vida, con tu cuerpo exacto y ojos de asesino. Tarde, como siempre nos llega la fortuna. Tu ibas con ella, yo iba con el, jugando a ser felices por desesperados, por no aguardar los sueños, por miedo a quedar solos. Pero llegamos tarde, te vi y me viste, nos reconocimos enseguida, pero tarde. Maldita sea la hora, que encontré lo que soñé, tarde. Tanto soñarte y extrañarte sin tenerte, tanto inventarte, tanto buscarte por las calles como loca, sin encontrarte. Y ahí va uno de tonto, por desesperado, confundiendo amor con compañía. Y ese miedo idiota de verte viejo y sin pareja te hace escojer con la cabeza, lo que es del corazón. Y no tengo nada contra ellos, la rabia es contra el tiempo, por ponerte junto a mi, tarde. Ganas de huir, de no verte ni la sombra, de pensar que esto fue un sueño o una pesadilla, que nunca apareciste. Que nunca hayas existido. Ganas de besarte, de coincidir contigo, de acercarme un poco y amarrarte en un abrazo, de mirarte a los ojos y decirte "bienvenido". Pero llegamos tarde, te vi, me viste, nos reconocimos enseguida, pero tarde. Quizás en otras vidas, quizás en otras muertes. Ganas de rozarte, ganas de huir, que ganas de tocarte, ganas de besarte, de acercarme a ti golpearte con un beso, de fugarnos para siempre, sin daños a terceros.
